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lunes, 31 de marzo de 2014

La maestra Barbarita



Fue mi primera maestra, quizás por eso la recuerde más. Pero creo que no, fue su dulzura, la entrega en cada día de clases, y esa capacidad enorme que tenía para llegar al corazón de los niños y alojarse allí para siempre, lo que me hace recordarla.
Cuando apenas despegaba yo unos centímetros del piso, me enseñó el arte de descifrar las letras y abrió a todos las puertas del mundo de los libros, esos amigos que, con su modesta intervención, nos extendieron la mano, pues fue ella la primera en descifrar esos raros códigos que nos separaban de entender un cuento.
Cuando hablaba con esa voz dulce de maestra, hasta el más inquieto callaba. Ella era la musa de los cuentos. De su boca llegaron las historias de La Edad de Oro, Nemesia, La cucarachita Martina, Ricitos de Oro. Y aunque a todas llegué a memorizarlas, prefería su narración melodiosa.