Por Yudaisis Moreno Benítez
yudaisismoreno@gmail.com
La integración de unas 2
000 féminas es tarea pendiente de la FMC en Bahía Honda; por eso,
Gladys Martínez Verdecia, integrante del Comité Central y Primera
Secretaria del Partido en Artemisa, las convocó a trabajar con la
sensibilidad que las identifica para mejorar este indicador, con vistas
al balance provincial, en noviembre.
Un rincón para la sensibilidad y la fuerza, para amores y desamores, para descubrir que la ternura y el empuje de la mujer pueden andar de la mano. Artemiseñas por dentro....le invita a descubrir espiritualidades.
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martes, 18 de septiembre de 2018
miércoles, 25 de marzo de 2015
Marianas de estos tiempos
Yordanka Kessell y Celia Conde laboran hace ya seis zafras en el corte de caña
Por Adianez Fernández Izquierdo
adianez.fernandez@gmail.com
La primera semana fue
la más difícil para las bahiahondenses Yordanka Kessell y Celia Conde.
Hace ya seis zafras ambas se encontraban laborando en un autoconsumo y
decidieron probar suerte en un oficio casi siempre asociado a hombres:
el corte de caña. Así se convirtieron en Las Marianas de la brigada
Antonio Maceo, de la CPA Camilo Cienfuegos, que tributa caña al central
Harlem.
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| Celia Conde / Foto: Otoniel Márquez |
El renuevo comienza en las lomas
Por Susana Alfonso Tamayo
De
pie, con botas, sombrero, camisa y pantalón, nos recibe Sara. Al abrigo
de las lomas de Bahía Honda, entre rocas húmedas por el paso de un
riachuelo y una agreste vegetación, la seguimos a pie luego de dejar, a
unos metros, el auto vencido.
Pronto aparecen diferentes tipos de plantas, en canteros bien
definidos o buscando alcanzar el cielo; las más cuantiosas, las de café,
se amontonaban en grupos aquí y allá como protagonistas de la finca:
poco más de 13 hectáreas destinadas a su cultivo, asegura la anfitriona.
martes, 9 de diciembre de 2014
Caña con aroma de mujer
Por Joel Mayor Lorán
Ya sabía de caña antes de enterarse de su propio nombre. La mamá y ella compartían el calor, una el de los campos y la otra el del refugio en su vientre mientras trabajaba. A los siete meses, Cary no esperó más para ver los cultivos por sí misma: la madre estaba alzando caña y se cayó, así que la llevaron para La Habana y nació la diminuta criatura.
Ya sabía de caña antes de enterarse de su propio nombre. La mamá y ella compartían el calor, una el de los campos y la otra el del refugio en su vientre mientras trabajaba. A los siete meses, Cary no esperó más para ver los cultivos por sí misma: la madre estaba alzando caña y se cayó, así que la llevaron para La Habana y nació la diminuta criatura.
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