¿Qué fuera de las fértiles tierras en los casi 180 kilómetros cuadrados de Güira de Melena, sin las centenas de mujeres y hombres capaces de burlar las madrugadas, el Sol, el rocío, la lluvia, el fango y el polvo, más otras contrariedades humanas… para dedicarse a ellas?
De esa voluntad inmutable, nunca fácil y con increíbles porciones de entrega y sacrificio, sabe la China, quien con 64 años de edad, manos agrietadas, piel morena, sombrero de guano y botas de agua, no tiene límite para sembrar, escaldar, fertilizar, guataquear, chapear, cosechar… y enseñar sus destrezas de más de tres décadas entre surcos.




