Por Susana Alfonso Tamayo
Cordialmente nos abre la puerta de su oficina. En el buró, donde papeles y laptop hablan de ajetreadas jornadas, había quedado por descuido el juguete de su niño pequeño. Así nos recibe Martha Rosa Hernández, en mágica combinación de madre singular y destacada profesional —mujer orquesta como tantas— y todavía con espacio para la sonrisa, la delicadeza, el tono coloquial…
Cordialmente nos abre la puerta de su oficina. En el buró, donde papeles y laptop hablan de ajetreadas jornadas, había quedado por descuido el juguete de su niño pequeño. Así nos recibe Martha Rosa Hernández, en mágica combinación de madre singular y destacada profesional —mujer orquesta como tantas— y todavía con espacio para la sonrisa, la delicadeza, el tono coloquial…